Mission Control

viajes

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Hace un par de días estuve viendo el despegue de un Soyuz (los que hayan visto Gravity fijo que saben qué es, jeje) que iba dirigido a la Estación Espacial Internacional arriba en el espacio. Aún sigo flipando un poco por haberlo visto en directo, como cuando lo del señor ese loco de Red Bull que subió y luego se tiró y adelgazó nosecuánto en el camino. Es mi amorodio por la tecnología. Es útil y cansina. Gracias a ella se pueden ver estas cosas en directo, o cómo el año nuevo llega al primer sitio del planeta, o cómo sube la marea en el Mar del Japón, o cómo está el tráfico en la A-VI. Gracias, tecnología. Me aburres soberanamente, me atas y me desesperas, pero tienes cosas de lo más interesantes.

En fin, también le doy las gracias a mi amadodiado Facebook por contármelo y a IFLS (o I Fucking Love Sience) por avisarme en esta bonita red social, a pocos minutos del despegue.

Los astronautas estaban metidos en un agujero como de un metro cúbico. Daba bastante cosica y claustrofobia (aunque bueno, en mi resonancia del otro día, aparte de tener frío, no me pasó nada raro). Los pobres doblados, apretujados los tres, leyendo el manual y levantando los pulgares para las cámaras y sonriendo. Yo estaría muriéndome de miedo, pero claro, ellos llevan 7 años preparándose para ir a tropecientos mil kilómetros por hora escopetados… y yo no. Fatal.

Debe ser bastante curioso lo de estar ahí arriba, flotando dentro de una cosa que da tres vueltas al planeta al día, durmiendo en un saco agarrado a una superficie que no se sabe si es vertical u horizontal, percatándote de que te puedes ahogar con tus propias lágrimas, haciendo experimentos varios y comiendo cosas extrañas que deben tener unos cuantos conservantes de más. Porque un filete planchado hace tres meses algo debe tener para ser comestible. Como la hamburguesa de McDonalds esa que se encontro un persono en el bolsillo de una chaqueta y resulta que era de 14 años y tenía aún la misma pinta (casi) que una hecha en el momento. Puaj. Desde que vi eso (y otras cuantas cosas sobre lo que les hacen a las hamburguesas y el resto de comidas de estos restaurantes) se me han quitado las ganas de comérmelas. Pero vamos, ya se me pasará, como cuando vi el programa de los UKs de Jamie Oliver en el que hablaban sobre la obesidad y salían gentes autopsiadas y fileteadas para poner imágenes a las cosas bonitas que decía el Sr. JO. Puaj.

Y nada. Ya me callo. Aquí os planto un enlace a una lista de inventos de la NASA que luego se han aplicado a la vida humana terrícola, por si os interesa. A mí sí me interesa.

Larga vida y prosperidad. Que la fuerza os acompañe. Utilizad toallas. Y la solución a todo siempre es 42, ya sabéis. (Es que se me olvidó bloguear sobre el Día del orgullo friki/Día de Star Wars/Día de la toalla.)

Hale, me piro pero os dejo acompañados del Coronel Hadfield, astronauta canadiense del que he aprendido eso del ahogo lagrimal, las camas astronáuticas y otras muchas cosas. Googleadlo/YouTubeadlo, que tiene cosas de lo más curiosas y es un tipo muy majo. Ahí va, cantando Space Oddity del Sr. Bowie, desde la EEI (o ISS). Que le gusta la música a él y se lleva la guitarra a cualquier lado.

Se supone que quitaron el vídeo de la interné porque solo tenían un año de licencia, o algo. Pero veo que a Sky News le ha dado igual igual.

Saludos, pandilla.
c

 

PD. La foto la hice en un festival, hace unos cuantos años ya. En el Summercase, cuando existía. Una pena que lo mataran, que era aquí cerca. Y ese señor no sé muy bien qué hacía, pero era fotogénico. Saludos a los que estén en el Primavera Sound. Algún día hablaré de música. Y de conciertos y festivales. O no. Que ya no los frecuento. Nunca se sabe, hum.

 

Valar dohaeris

series, viajes

_MG_7727b_1200

En King’s Landing hay simpáticos músicos callejeros que tocan fenomenalmente mientras posan para mí. King’s Landing, también conocido como Dubrovnik, está repleto de gentes más de allá que de allí (como una servidora). Hordas y hordas de nosotros recorren el mismo camino en la ciudad antigua pero nueva: desde la entrada de la muralla hasta el puerto, pasando por la calle principal y la plaza de la catedral, ataviados con sus mejores chanclas con calcetines, dejando que los cabellos de sus perneras se aireen al viento croata, cobijándose del incesante sol que bota y rebota en las piedras que nos rodean por todas partes bajo las alas de sombreros comprados dos paradas antes y pesados collares réflex marca Nikon o Canon.

Hablando de crobatas, ¿sabía usted que la corbata proviene de los croatas? Eso rezaba el escaparate de una tienda de la perla del Adriático. De corbatas, claro. WikiPedia dice: “Su nombre viene del italiano, corvatta o cravatta, derivado de “croata”. El origen data del año 1660, cuando los jinetes del ejército croata usaban pañuelos de colores al cuello.Así que, a partir de ahora, échenle la culpa a los croatas por ponerles un lazo al cuello, señores.

Lo que se aprende viajando.

Dubrovnik, a parte de tener un nombre muy bonico (me pregunto qué significa, voy a buscarlo… Por lo visto deriva de una palabra eslava que significa “bosque de robles”… ya sabía yo que tendría su aquél (¿aquél ya no va con tilde?). Lo que no sabía es que la parte antigua amurallada se llamaba Ragusa, a la que los romanos llamaban Lau, que significa “la roca”), es una ciudad dorada de techos de teja naranjas y hierros verdes con un mar azul profundo, aunque a veces se torna verde esmeralda o azul cian. Y el cielo es azul, muy azul. Azul celeste. Jajajajaja. Dicen mucho del cielo de Madrí, pero el de allá no se queda corto.

Realmente, es una pena que esté invadido por tribus foráneas que surcan sus calles y murallas en formación hormiguil sin formación; o de rebaños de ovejas de culos de colores variopintos (al menos en la estación calurosa, a lo mejor durante el invierno se convierten en hormigas de verdad). Lo han reconstruido tan bien que parece que no ha pasado el tiempo (ni unas guerras hace dos días, como quien dice) y está como los chorros del oro.

Una cosa mala tengo que decir… esos pavimentos de las calles antiguas son muy bonitos, pero si ya patinan cuando hace sequía, no quiero ni imaginarme los deslices de los extranjeros cuando estén mojados y reflectantes. Las fotos callejeras podrían ser descacharrantemente preciosas. ¡Zas! ¡Clic! ¡El reflejo de un turista pegándose una piña!

Asombroso me pareció que parece que todos los tenderos parlan español… y aquí nosostros hablando solo nuestro precioso idioma y cuatro palabras mal dichas de inglés. Así no vamos a ningún lado. Además, de los cuatro que hablaban bien bien inglés, se nos han ido 3, fijo. Y croata aquí no habla ni el tato, como si lo viera.

En fin, el señor de la foto le daba, junto al señor del laud y al señor que vendía corazones típicos de allá (ataviados ambos con ropajes típicos de la época de antaño, muy rojos y dorados ellos) y las señoras del mercadillo de joyerías, el toque final de molonidad a la tal Ragusa. Una pena no haber llevado puesto el bañador para sumergirnos en las estupendas aguas allá pasado el puerto, donde la muralla da la vuelta. Tenían una pinta estupenda. Hasta había unas escaleras de piscina para facilitarnos la inmersión.

Me resulta bastante curioso lo de verlo cada semana en la caja tonta (que a veces no es tan tonta; gracias, HBO) -o en el monitor, en su defecto-. Aunque, sinceramente, George, parece mucho más agradable la versión real que la ficticia.

Todo el tiempo que pasé en King’s Landing, estuve acordándome de (y esperando encontrarme con) los personajes habitantes del lugar, preguntándome dónde se metían, porque yo los había visto por esas mismas calles. ¿Lannisters, dónde os escondéis? ¡Tyrion; Cersei; Jaime; Joffrey Baratheon el rubio, first of his name; ¡Sansa! ¿Sansa? ¡Sansaaaa! ¡He visto a Sansa! Ahí estaba ella, bajando hacia la calle principal, con su pelazo de tinte rojo anaranjado y su “calentito” “vestidazo” “veraniego” de boda… púrpura; tapadita bajo un parasol que una ente, ataviada con unos cascomicrófonos a la cabeza, portaba bien alto (que la chata es una torre) .
Detrás de Sansa iban un señor que no conocía por aquella época (ahora creo que era Oberyn Martell) y una señora a la que no le ponía papel (que ahora juraría que era Olenna Tyrell – ¡chunchun, glups!). Yo, mientras, pegando botes. Mi hermana, mi cuñada y mi sobrino, mientras, flipando un poquito. SMS instantáneo a mi hermano: “He visto a Sansa. HE VISTO A SANSA!” (que no recibió… hasta que volvimos a Madrí). En fin, locura transitoria. A veces pasa.

Una pena no haber visto también a Tyrion o a Brienne o a Jaime o a Cersei o a Tywin o a Lord Varys y sus pajaritos o Petyr. O a mi querido roasted Joffrey. O a un Jaqen H’ghar, pasándose por allí. Les habría dicho cuatro cositas. Los demás es que me pillaban lejos, pero otras de sus localizaciones son mis próximos lugares de visita. Escocia e Islandia, here I come! (Cuando tenga dinero, meh, duh.)

En fin, ved Juego de Tronos y visitad Ragusa/Dubrovnik. Yo espero volver, los dioses mediante.
Valar Morghulis, pandilla.
c

Para el que le interese, los metadatos:
f/2.5, 1/1250 s, ISO 200, objetivo Canon 85 mm f/2.8.

PD. The North remembers.

 

¡¡¡¡¡ SPOILER ALERT para el que no vaya al día !!!!!
Frozen /Juego de Tronos crossover. Jajajaja.